Plutón y Caronte

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Imagen tomada por la sonda espacial New Horizons (NASA)

No podían dejar de mirarse.

En aquel mundo arropado por el manto negro y frío tejido por Nix, diosa primordial de la oscuridad, habían encontrado por fin una cara a la que aferrarse en una órbita mutua. Acompañados el uno del otro alrededor de un único centro de masas. Atados gravitacionalmente.

Los distintos elementos se mezclaban en las aguas turbulentas del río Estigia para darse de bruces con el lago fétido que marcaba el límite de la Tierra, habitado por la Hidra, una serpiente de cuerpo celeste y tres cabezas. A las puertas del Averno otra bestia guardaba rabiosa la entrada del Hades: un perro de mandíbula triple llamado Cerbero, nombrado luna de fauces babeantes. Pero ninguna de estas criaturas despiadadas, satélites fieles, había sido capaz de alterar el periodo y serenar el ánimo de Plutón.

El señor del Inframundo había sido largo tiempo descalificado a pesar de ser un dios soberano que controla bajo su cetro todo lo que la muerte cosecha. Ni siquiera con sus leyes inflexibles conseguía alcanzar la dominancia orbital allá en los confines más lejanos y distantes del sistema planetario. Fue relegado al reflejo más apartado del Sol. ¡Planeta menor! A miles de millones de kilómetros de allí lo denominaban planeta enano; trataban de ridiculizar su reducido tamaño y su poder a lo largo, ancho y alto del Sistema Solar. Y con razón. Este hijo de Saturno había causado grandes males; era incluso el responsable del invierno. Cuando raptó a Proserpina para casarse con ella, la madre de la diosa, afligida, no tuvo más remedio que provocarlo de pena.

Plutón es el más despiadado y temido de todos los dioses. Su autoridad está envuelta en un aire severo de nitrógeno, metano y monóxido de carbono, y es el único que nunca ha de temer la insubordinación o desobediencia, ni impactos de pequeños meteoros gracias a su tenue atmósfera. Una barba helada se congela y colapsa sobre su superficie a medida que se aleja del astro central. Casi parece un cometa cuando el viento solar desgasta poco a poco su piel de hielo para enviarla evaporada al espacio. Debajo de ella contiene rocas que destacan su fealdad y, entre estas, escondida, guarda la llave de no retorno que cierra el paso a las puertas de la vida para todo aquel que alcanza su órbita.

Su reino está plagado de numerosos súbditos que deambulan sobre un suelo de sombras miserables y ligeras. El palacio donde habita es el más excéntrico de todos, demasiado inclinado con respecto a la eclíptica como para poderlo considerar un planeta más. Por mucho que adelante a su hermano Neptuno a lo largo de su trayectoria no logra formar parte del linaje de sus vecinos.

Fue en un punto de esa órbita donde conoció a Caronte. Fue un encuentro violento y agresivo, un choque tan fuerte que hizo que se desprendieran vapores de hielos volátiles como el metano. Colisionaron a tal velocidad que el impacto destruyó al cuerpo procedente del cinturón de Kuiper, esparciendo su amargura y la parte del exterior de Plutón alrededor de los dos.

Con el tiempo, Caronte se fue recomponiendo fundiendo sus restos y la gravedad frenó las rotaciones de ambos hasta que suavizaron sus asperezas.

Quién le iba a decir a Plutón que encontraría en ese anciano, el barquero del Hades, a su compañero más atento. Caronte es un satélite flaco y gruñón carente de atmósfera encargado de guiar a las almas errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte. Esférico y con ropajes oscuros de agua congelada que cubren su viejo cuerpo, elige a los pasajeros que merecen un entierro adecuado buscando el destello de un óbolo bajo su lengua para que pague el viaje.

Ninguna otra luna es de un tamaño tan parecido al del planeta que orbita. Caronte es el más grande en comparación con su anfitrión y por eso no se limita a dar vueltas en torno a él.  La similitud de sus masas hace que sus cuerpos giren alrededor de un centro que no está situado en el interior de ninguno de ellos; se mueven rodeando un punto fuera de ambos, cerca de Plutón. Las órbitas ya no son entonces las de un planeta y su satélite sino las de un planeta doble que comparte un destino.

Esta rotación, única en el Sistema Solar, ha convertido a Plutón y a Caronte en una pareja exclusiva que no deja de eclipsarse mutuamente. Así, unidos en una ligadura gravitacional que solo les permite verse las caras sin apartarlas, uno termina las frases del otro mientras flotan juntos en un medio tenebroso.

Anclados siempre a sus rostros, miran sus vidas pasar a la espera de otro Nuevo Horizonte.

 

Este fue el texto que mandé al concurso de relatos de inspiración científica Inspiraciencia 2017. No gané nada pero, como diría el que inició esta historia en una servilleta de un bar, lo importante es participar. Gracias 🙂
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A la ciencia no le importa tu opinión

Kait Parker, meteoróloga en The Weather Channel, le explica al medio ultraconservador Breitbart el cambio climático. Mientras vivimos inmersas en una situación crítica que afecta a todo el planeta, todavía hay quienes se ven obligadas a corregir artículos engañosos y negacionistas sobre el calentamiento global. Menos mal que siempre podemos recurrir a la ciencia: la cierrabocas definitiva.

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“La Tierra no se está enfriando, el cambio climático es real y, por favor, dejen de usar nuestro vídeo para confundir a los estadounidenses”. Este es el título de una extensa publicación de The Weather Channel en la que se regaña a Breitbart, página americana de noticias y comentarios políticos, por incluir uno de sus reportajes para promocionar la peligrosa creencia de que el calentamiento global es mentira. El artículo de la cadena estadounidense de divulgación meteorológica va acompañado de un vídeo protagonizado por Kait Parker, que desmonta las ambigüedades de Breitbart y explica detalladamente usando evidencia científica lo impreciso de sus afirmaciones.

The Weather Channel es una plataforma que ofrece información sobre pronósticos e investigaciones de los fenómenos meteorológicos y la cede gratuitamente para promover la difusión de la ciencia del clima. Rara vez se han metido en temas políticos ya que, según ellos mismos, prefieren centrarse en su habitual cobertura del tiempo. Pero en esta ocasión han considerado importante, urgente y necesario aclarar la tergiversación de Breitbart.

Breitbart es una web de ‘noticias’ y opiniones políticas de extrema derecha conocida por su apoyo a lo que se cataloga como alt-right. Fue fundada y dirigida por Steve Bannon, publicista y periodista estadounidense, que acaba de ser fichado como consejero presidencial de Donald Trump tras haber sido el director ejecutivo de su campaña política.

En su artículo, Breitbart proclama que la temperatura global no solo no está subiendo sino que, en realidad, está bajando, ya que desde mediados del año 2016 se ha registrado una acusada caída de un grado Celsius. Se pretendía argumentar que el responsable del alza en las temperaturas de la Tierra es, en realidad, el fenómeno de El Niño y no el cambio climático de origen humano. Además su autor, James Delingpole, se queja de la poca repercusión que este descenso había tenido en los medios de izquierdas, burlándose de su “narrativa alarmista”. Quien también se burló de esa comunidad alarmista fue el Comité de Ciencia de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos a través de un tuit que difundía ampliamente la publicación de Breitbart, sosteniendo la “helada respuesta” que había tenido la noticia.

Mientras que, según Delingpole, es la gente de izquierdas la que consigue información climatológica de páginas poco fiables para después convertirla en propaganda, es curioso comprobar cómo es él el que no utiliza para su artículo ni un solo enlace a referencias científicas rigurosas. Sin embargo sí cita al Mail Online, la versión web del tabloide sensacionalista Daily Mail. El autor, un columnista y novelista inglés descrito como la voz prominente de la derecha, prefiere basarse en The Global Warming Policy Foundation (GWPF), un “think tank” o ‘institución de expertos’ (como pueda ser FAES, por ejemplo) que tiene como objetivo manifiesto combatir las dañinas políticas concebidas por los gobiernos para mitigar el calentamiento global.

Ojalá todo el mundo fuera más cuidadoso con las fuentes que elige para obtener la información; así nos ahorraríamos malentendidos. Como Kait Parker y The Weather Channel explican generosamente, el supuesto descenso de 1º se debe a que la medición fue realizada desde un grupo de satélites que solo proporciona datos de temperatura sobre la superficie terrestre. Por supuesto, esta imagen es incompleta ya que nuestro planeta está cubierto en un 70% por agua, que tiene mayor capacidad para retener el calor y, por tanto, se calienta y enfría más lentamente.

Por otro lado, el fuerte episodio de El Niño ha favorecido esta disminución de la temperatura aunque, de todos modos, las gráficas de la tendencia siguen sin ser tranquilizantes:

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Combinando los datos de la superficie de la Tierra y los océanos, y aun despreciando los efectos de El Niño, resulta que 2016 ha sido el año más cálido registrado en general y también en la troposfera, la parte más baja de la atmósfera, según el científico Zeke Hausfather. Habría que remontarse a 1985 para recordar un mes que registrara temperaturas por debajo de la media.

Como bien dice Kait Parker al final de su vídeo, “Malinterpretar y tergiversar los hechos no cambiará el futuro, ni el hecho – HECHO, no OPINIÓN – de que la Tierra se está calentando.” La divergencia ideológica entre la izquierda y la derecha no debería ser motivo del rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable. No es útil negar la realidad para evitar una verdad incómoda: la certeza de que el cambio climático antropogénico es real y no está previsto que vaya a terminar pronto (ni por arte de magia, tampoco). Así que dejemos de lado opiniones y creencias y hagamos que los hechos se oigan más y mejor. Porque, efectivamente, a la ciencia no le importa tu opinión.